Hay días en los que el trabajo en Beiraweb va de códigos, servidores, sincronizaciones de calendarios y estrategias de marketing. Pero hoy no ha sido uno de esos días. Hoy, una llamada de teléfono nos ha recordado por qué nos apasiona tanto trabajar con el turismo rural y, sobre todo, con la calidad humana de las personas que hay detrás.
Esta es la historia de Ana, de su maravillosa casona indiana asturiana —esa que rehabilitó con sudor, esfuerzo y el respeto que se le tiene a la herencia de los antepasados— y de cómo las emociones, a veces, valen muchísimo más que el dinero.
Una llamada de urgencia
Todo empezó esta mañana. Me llama Ana, un poco apurada: acaba de ver un correo con una reserva confirmada para este próximo agosto a través de un portal de turismo rural que no tenía sincronizado. El problema era mayúsculo: en pleno agosto, su casona estaba hasta arriba.
Abrí su motor de reservas de inmediato para buscar un hueco, un tetris de fechas, lo que fuera… pero era imposible. No quedaba libre ninguno de sus apartamentos rurales. Con todo el dolor de mi corazón, le di la única solución viable:
«Ana, vas a tener que llamar al huésped, explicarle el error y decirle que, lamentablemente, no hay sitio».
«Borra dos reservas de Booking y añade a Carlos»
Al rato, el teléfono vuelve a sonar. Al descolgar, escucho a Ana al otro lado y me dice una frase que me dejó de piedra:
«Borra dos reservas de Booking y añade a Carlos».
¿Cómo? ¿Borrar dos reservas confirmadas en una de las plataformas que más ingresos genera, en temporada alta, para meter una reserva desactualizada? Para que os hagáis una idea, a nivel económico aquello era una locura: las tarifas de ese portal antiguo no estaban actualizadas, por lo que el importe de las dos reservas de Booking doblaban lo que iba a pagar Carlos.
Pero antes de que yo pudiera decirle nada, la voz de Ana cambió. Estaba rota, se notaba que había estado llorando. Y me contó el porqué.
La historia detrás del código de reserva
Ana había llamado a los huéspedes de Booking. Al explicarles la situación, ambas familias accedieron amablemente a cancelar o cambiar sus fechas. Pero lo que realmente le encogió el corazón a Ana fue descubrir quién era Carlos.
Carlos es un hombre que este invierno se quedó viudo. Tras ese funesto y doloroso desenlace, este viaje a Asturias van a ser las primeras vacaciones que pasará a solas con su hija adolescente. Un viaje para intentar sanar, para respirar aire puro, para encontrarse los dos en la tranquilidad de nuestra tierra.
Cuando Ana me lo contó, se me hizo un nudo enorme en la garganta. La emoción nos inundó a los dos a través del teléfono. Estaba tan afectada emocionalmente que me pidió un favor: «Por favor, llama tú a Carlos y dile que tiene el alojamiento reservado, y respétale el precio que ponía en ese portal. Yo no tengo ánimos para hablar sin echarme a llorar».
Un silencio que dice más que mil palabras
Accedí, por supuesto. Marqué el número de Carlos intentando mantener la compostura, respirando hondo para transmitirle serenidad. Le llamé y le aseguré que todo estaba correcto, que su apartamento en Asturias le estaba esperando y que no se preocupara por absolutamente nada.
Al otro lado de la línea, la respuesta de Carlos fue un «muchas gracias» cargado de una emoción tan profunda que el nudo en la garganta me volvió a mí. Me contuve como pude, le di las gracias y colgué.
Después de esa llamada, me quedé un buen rato en silencio, mirando la pantalla, reflexionando.
Mucho más que un negocio
A veces nos obsesionamos con la optimización de ingresos, el revenue management, las tarifas dinámicas y el rendimiento de los canales de venta. Y sí, el turismo rural es un negocio, un medio de vida que cuesta mucho sacar adelante. Pero hoy, Ana nos ha dado una lección de vida a todos.
Las vivencias, los sentimientos, la empatía y las ganas de ayudar a alguien que lo está pasando mal valen muchísimo más que cualquier cifra en una cuenta bancaria.
- Gracias, Ana, por ser como eres, por tu sensibilidad y por recordarnos el verdadero significado de la hospitalidad rural.
- Y a Carlos y su hija: no sabemos si leeréis esto, pero desde Beiraweb os deseamos el mejor de los descansos. Bienvenidos a Asturias. Aquí tenéis vuestra casa.