Las OTA’s en el punto de mira: la creciente preocupación de los anfitriones por las altas comisiones

Durante los últimos meses, una conversación se repite entre los propietarios y gestores de alojamientos turísticos: ¿hasta qué punto merece la pena seguir dependiendo de las grandes OTA’s como Booking o Airbnb?

Las plataformas han sido, sin duda, un canal clave para conseguir reservas y visibilidad, especialmente tras la digitalización del sector. Sin embargo, el coste de esa visibilidad es cada vez más alto. Las comisiones que aplican, que pueden oscilar entre un 15 % y un 20 % del importe total de la reserva, están empezando a preocupar seriamente a muchos anfitriones, sobre todo en destinos rurales o de temporada baja, donde los márgenes son más ajustados y la estacionalidad es muy elevada.

Impacto real en la rentabilidad

Para muchos propietarios, esas comisiones se traducen directamente en menos beneficios o en tener que subir precios. En cualquier caso, la consecuencia es la misma: menos competitividad. Además, las políticas de cancelación o la presión por mantener valoraciones altas añaden estrés y dependencia.

Un ejemplo claro: un alojamiento rural que cobra 120 € por noche puede estar perdiendo entre 18 € y 25 € por cada reserva gestionada a través de una OTA. En una temporada de 60 noches, eso supone más de 1.000 € en comisiones.

El renacer de la reserva directa

Esta situación está impulsando una tendencia positiva: el regreso de la estrategia de reserva directa. Cada vez más anfitriones están invirtiendo en su propio sitio web, con motor de reservas integrado, pasarelas de pago seguras y una buena estrategia SEO y de redes sociales.

Además, las herramientas actuales —como las que ofrecemos desde Beiraweb— permiten automatizar gran parte de la gestión y conectar calendarios con las OTA’s sin perder el control sobre las reservas y la identidad de marca.

El valor de recuperar el contacto directo con el huésped

Una de las grandes ventajas de reducir la dependencia de intermediarios es poder volver a comunicarse directamente con el viajero. Este contacto permite personalizar la experiencia, fidelizar al cliente y crear relaciones más duraderas, algo que las grandes plataformas no facilitan.


En definitiva, 2026 apunta a ser un año clave para redefinir la relación entre anfitriones y OTA’s. No se trata de abandonarlas por completo, sino de equilibrar la balanza: mantener la visibilidad que aportan, pero reforzando la presencia digital propia para ganar independencia y rentabilidad.